Waving Falling Leaf 2

martes, 10 de enero de 2017

28 de Octubre de 2016

La noticia del día casi me produjo una doble opinión, pero finalmente me he decantado por la más sensata. 
El tema podría generar cierto debate. ¿Por qué no prohibirlo si son incompetentes? Si esos hijos no van a tener una buena vida, van a estar maltratados y en situaciones de pobreza, ¿para qué tener hijos entonces? 
Vale. Me parece un argumento válido. 
Pero, ¿qué diferencia hay entre esa noticia y esta?
A mí parecer ninguna. 
Continuamente están decidiendo por nosotras qué es lo que se supone que tenemos que hacer con nuestro cuerpo. Repito: NUESTRO CUERPO. 
¿Quién decide por mí? ¿Por qué han de decidir por mí?
Las bases del sistema patriarcal están fuertemente arraigadas. 
Se supone con un conjunto de personas debe catalogarme como si fuese un producto.
¿Qué tipo de mujer soy? ¿Buena esposa? ¿Mala madre? ¿Hija rebelde? Y las respuestas a todas esas preguntas son la esencia de todas las cuestiones que nos van a determinar la vida. 
Porque el hecho de ser una posible mala madre ya tiene que ser una razón para obligarme a usar anticonceptivos.
Porque el hecho de ser una buena cristiana debe ser una razón para que el aborto para mi sea inconcebible. 
Porque a fin de cuentas, ¿qué es mi cuerpo? ¿Qué soy yo? Un mero objeto para dar y servir. 
Durante la Edad Media había una concepción del amor relacionado con la divinidad. Dios y la Tierra son los dos entes creadores de todo. Dios representa al hombre y la Tierra, la mujer. 
Así, mientras el hombre es el principio creador, la mujer es el recipiente que recoge esa semilla para hacer crecer la imagen del hombre. 
Eso somos. 
Obligadas bajo una ley que no decidimos. Expuestas ante un juicio que no merecemos. 

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