En primer lugar, para comenzar con el día de hoy, me gustaría empezar hablando de los alimentos y productos transgénicos. La técnica usada para crear transgénicos, forma seres vivos que no se obtienen de manera natural o con técnicas tradicionales de mejora genética. No obstante, este tipo de tecnología tiene un nivel de imprecisión muy elevado y su huella ecológica es muy grande, puesto que suponen un riesgo mayor, pues tienen efectos muy graves sobre la biodiversidad y además, destruye los ecosistemas.
Greenpeace avisa del riesgo que suponen estos productos transgénicos por el uso que hacen de los elementos tóxicos, la contaminación genética y del suelo, la pérdida de la biodiversidad y otros factores que se ven incrementados por esta huella ecológica irreversible ya citada.
Además, los productos transgénicos también son un riesgo para la salud y cada vez tenemos más alergias, menos fertilidad y apariciones de cánceres.
Me ha parecido muy interesante este vídeo que comparto a continuación, por el análisis que hace de la problemática, aunque sea algo viejo, tiene mucho sobre qué pensar:
Las primeras cuestiones que en el vídeo se plantean, coinciden con las mismas a las que me enfrentaba al pensar en la situación: "¿Están los científicos alterando la naturaleza? ¿Pueden los organismos modificados genéticamente dañar el medio ambiente? ¿Necesitamos realmente los productos transgénicos?".
Al principio pensaba inocentemente que, bueno, si era para ayudar a acabar con el hambre en el mundo y a mejorar los productos que íbamos a consumir, estaba totalmente a favor de estos productos. Sin embargo, investigando, leyendo y documentándome un poco más, he descubierto que tienen más cuestiones nocivas a largo plazo -tanto para el ser humano, como para el medio ambiente-, que beneficios.
Lo importante de reflexionar aquí es que no nos hacen falta producir alimentos transgénicos para poder comer de manera sana, ni para acabar con el hambre en el mundo.El problema de la alimentación y del hambre se solventaría distribuyendo mejor los alimentos existentes en lugar de generar alimentos de más. Pues esta sobreproducción alimentaria se acumula en los países más desarrollados, en lugar de quitar el hambre del mundo, lo que hace es generar una gran cantidad de residuos, así como una explotación enorme a la materia prima de la que obtenemos esos productos que vamos a consumir.
Entonces, la pregunta es, ¿de verdad prima más el consumismo que la salud? Es evidente que sí.
Aquí nos surge una siguiente cuestión: ¿Cómo se controla la calidad? ¿Hasta qué punto podemos ser engañados por los controles de calidad para seguir consumiendo?
Los controles de calidad son esenciales.
Los controles de calidad son en sí una norma, escrita en un documento y regulada con una serie de reglas a seguir para poder producir y vender un producto. Es muy importante el uso del control de calidad porque solo así podemos asegurarnos de que cumplen determinados requisitos para nuestro consumo que no vayan a ser perjudiciales para nuestro organismo a la larga.
En teoría los controles de calidad son muy exhaustivos, no obstante, en ocasiones, la manera de registrar esta calidad, puede ser incluso más perjudicial.
El título del enlace habla por sí solo.
Para comprobar si un alimento es bueno de por sí, se utiliza en muchas ocasiones los rayos X que pueden contaminar esos alimentos que luego consumimos.
Entonces, ¿podemos sentirnos engañados por los controles de calidad? ¿O hasta qué punto los controles de calidad pueden servir más a la economía que a nosotros mismos?
Parece ser que por todos lados nos engañan respecto a lo que es bueno para nosotros, siempre que beneficie a la economía.
He estado revisando un artículo elaborado por Greenpeace en el cual hace una serie de críticas al famoso Tratado de Libre Comercio.
La controversia ante el mismo está más que justificada.
Mientras en un bando, los defensores, como las grandes empresas del talante de General Electric, consideran que va a dinamizar los intercambios transatlánticos y facilitará la vida de las empresas, reduciendo tarifas aduaneras y trámites burocráticos.
Suena bien. O sonaría bien si vuelven a vendernos la moto como siempre.
Desde el otro bando tenemos a los aguafiestas, los detractores como Ecologistas en Acción, Attac, movimientos políticos y sectores de la industria agroalimentaria, los cuales están seguros que la falta de transparencia en el tratado pueda perjudicar a los derechos de la ciudadanía y del medioambiente, pues se pone al lado de las grandes multinacionales dejándoles justificar cualquier tipo de cuestiones.
Así pues, mientras en la televisión y todos aquellos medios que beneficien a las grandes multinacionales nos vendan el Tratado como una forma de hacer más fácil la venta de productos, la negociación y colegueo entre los países, la realidad es que sería la justificación perfecta para poder producir más y de la manera que deseen, sin tener en cuenta cuestiones medioambientales o sin tener que rendir cuentas al consumidor el cual podría exigir un mínimo que no le llegará.
Para finalizar y volviendo al tema con el que empecé el día, me gustaría compartir este simpático vídeo de Veterinarios sin Fronteras donde explica un poco más la confrontación entre los alimentos naturales y los transgénicos con un toque de humor:
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