El libro está separado en dos bloques temáticos. El primero está escrito por Noam Chosmky y habla fundamentalmente de cómo nos controlan los medios de comunicación. El segundo bloque, trata sobre el Pensamiento único y fue escrito por Ignacio Ramonet.
En cuanto a la primera parte del libro, nos habla de conceptos tan interesantes como los dos tipos de democracia existentes. Por un lado, está la democracia de la teoría, aquel tipo de democracia en la que la gente tiene los recursos que necesita para participar de manera activa y significativa. No obstante, el otro tipo de democracia es la que más se da en la práctica, tenemos libertad (¡oh, por supuesto!) para elegir nuestros representantes, y luego ellos ya se encargaran de tomar las decisiones pertinentes para hacer aquello que consideran mejor para el pueblo (pero sin el pueblo, y yo que pensaba que el despotismo ilustrado ya se había acabado).
Las preguntas que me surgen son las siguientes: ¿Tenemos todos los recursos necesarios para participar? ¿Podemos realmente participar de manera significativa? ¿Nos hacemos cargo de nuestros propios asuntos, o nos dicen lo que se supone que son nuestros asuntos y dónde o cómo podemos intervenir?
La siguiente idea que quiero subrayar es cómo la propaganda puede dirigir el pensamiento a grandes masas. Si además esta propaganda que sugiere el Estado se propaga por las clases que se consideran más intelectuales, tendrá un impacto considerable. Y no importa si la idea que nos están introduciendo era inicialmente deseada o no, porque al final, aunque no fuese tu idea inicial, acabarás deseándolo, acabarás totalmente sumiso a las ordenes que te impone esa atractiva propaganda.
Respecto a esto: ¿Somos naturalmente pacíficos pero algo nos incentiva a lo bélico, o por el contrario somos de manera innata guerrilleros pero algo nos mantiene tranquilos? ¿Qué papel ocupa la propaganda aquí? ¿La publicidad despierta un deseo dormido o nos introduce de forma directa y sutil un deseo creyendo que somos nosotros quienes lo queremos?
A continuación, vamos a hablar de un concepto clave y se trata de los tipos de ciudadanos existentes. Por un lado están aquellos que asumen algún papel activo, el cual se denomina clase especializada. Éstos son los conocedores de qué hacer con todo, saben incluso lo qué hacer con el resto de ciudadanos. Ese "resto de ciudadanos" se denomina rebaño, mejor dicho: Rebaño desconcertado. Y como su propio nombre indica, son aquellos que no saben nada se dejan guiar por el "buen pastor", que saben donde dirigirlos. De esta forma, mientras el primer grupo ejercen la función ejecutiva, piensan y en teoría entienden los intereses comunes, el segundo grupo son meros espectadores que no participan de forma activa, solo tienen la opción de elegir quién quieren que sea su líder para que tome decisiones por ellos. Esto podemos compararlo con lo que hacemos con los niños, la libertad que no le damos a los mismos porque consideramos que ellos no son capaces de utilizarla. De esta forma es como las élites nos ven a nosotros, no nos dan poder para decidir porque consideran que no sabremos como utilizar ese poder.
De igual forma, mientras a la élite se le ofrecerá las mejores posibilidades para que estudie y se forme y así sea aún más especializados bajo el adoctrinamiento, al rebaño desconcertado simplemente se le dará algo con lo que distraerse, porque total, no van a conseguir nada de provecho.
Pero, ¿puede el rebaño desconcertado ser peligroso? ¿Es necesario inculcarle esos valores? ¿Cómo saber que la clase especializada tiene razón en esos valores? ¿Está la clase especializada entrenada para servir a sus "amos"? ¿Cómo pueden entonces no darse cuenta?
Volviendo al tema de la crianza y el dominio, ¿deberían tener libertad los niños? ¿Por qué creemos que no saben utilizarla? ¿Por qué elegir lo que creemos mejor para los demás?
A continuación, en cuanto a la fabricación de opinión, una de las cuestiones más relevantes es marginar y apartar a los individuos de las cuestiones públicas para que no tuviesen con quien organizarse ni compartir sentimientos, creerían que están solos y que sus ideas eran disparatadas. De esta forma es como cuando alguien se sale de la norma impuesta, en lugar de reunirse con otros que piensan igual que él, se limita a pensar que es una persona excéntrica y que mejor no hablar de sus ideales, no vaya a ser que lo tomen por loco o necio. Así es como al final acaban haciendo que cerremos la boca, que tapemos nuestras opiniones y guardemos lo que verdaderamente creemos dentro del cajón de la vergüenza bajo llave, impasibles, al margen, mirando a otro lado, dejándonos guiar como el rebaño al que pertenecemos. Contra más segmentados estemos, menos nos podremos reunir, es la estrategia perfecta.
¿Vamos de manera individual por el mundo, se nos aísla para que no compartamos opinión y nos movilicemos? ¿Estamos solos con nuestros pensamientos más marginados? ¿Verdaderamente hablamos de ellos? ¿Nos avergonzamos de contarlo? ¿Es cierto que a veces nos sentimos únicos y diferentes pero no hacemos nada para saber si esto es verdad o acaso hay alguien con nuestros mismos intereses?
La siguiente temática del libro nos habla de como se falsifica la realidad, la historia en sí. Lo más maravilloso de cambiar la historia al antojo de las élites es que todo el mundo cree conocerla, todo el mundo cree tener una opinión basada en la historia y sobre determinados grupos de personas porque, oye, lo dice la historia. Y es así como se consigue democráticamente lo que en un Estado totalitario se conseguiría por la fuerza. Pues bien, ¿de veras la historia que sabemos es real? ¿Cómo podemos asegurarnos de que lo que conocemos es verdad y no lo que nos han vendido como cierto para inculcarnos una idea?
Otro aspecto que considero relevante es el que hace referencia al desfile de enemigos. Bien, ante cualquier tipo de situación problemática ya sea de índole social, económico -o un poco de cada-, suele ocurrir que ninguno de aquellos a los que el poder pertenece, intente hacer absolutamente nada, porque no es algo a lo que deban prestar demasiada atención, no les afecta directamente a ellos. No obstante, hay que calmar al rebaño. O como de costumbre, desviar su atención hacia otra parte. Es así como surge el monstruo. El monstruo es aquel ser despreciable del que hay que defenderse, es mucho peor que la crisis en la que estén sumidos, ¡dónde va a parar! El monstruo es alguien malo, muy malo. Y funciona. Porque de repente nos encontramos un rebaño enloquecido, aterrorizado, que por supuesto apoya cualquier iniciativa de poder por parte de la élite, pues son ellos quienes van a librarles del monstruo. Aquí tienes mi voto, líbranos del mal y amén. La campaña ha sido todo un éxito y el rebaño ya no es una amenaza. Y el rebaño ahora ya no tiene nada que temer, porque lo que es la realidad la desconoce, por lo que no, ya no teme a nada, bajo su perfecto líder está protegido. Y no sabe el rebaño cuanto se equivoca.
Y ahora el bombardeo de preguntas es el siguiente: ¿Nuestros políticos intentan defendernos de algo malo? ¿En su discurso abundan las críticas hacia algo y de qué manera nos salvaran ellos de ese algo tan peligroso? ¿Por qué es necesario un monstruo par ganarse a la gente a través del miedo? ¿Cómo podemos no darnos cuenta de cuando se silencian las voces de protesta?
Pero la pregunta más importante de todas es: ¿Siempre formaremos parte del rebaño hagamos lo que hagamos?
De la segunda parte del libro, las ideas que más me han llamado la atención y las cuales he ido sacando han sido las siguientes:
La revolución de la informática y de la comunicación ha provocado han hecho surgir el 'boom' de las dos columnas vertebrales de la sociedad actual: los mercados financieros y las redes de información.
De los mercados financieros concretamente dicen que es un modelo perfectamente adaptado al nuevo orden tecnológico al ser inmaterial, inmediato, permanente y planetario. De esta forma es como todos adoramos y somos creyentes de la nueva religión de mercado.
Y con estos pilares base, no podría ser de otra forma que la ideología dominante fuese la del pensamiento único. Es esta la que siempre tiene razón y ante la que nos doblegamos, pues no hay doctrina más auténtica que esta. Lo peligroso es que esta doctrina envuelve a cualquiera que se rebele ante ella, pues inhibe y paraliza a todos los que neciamente la contradigan. El pensamiento único es el verdadero saber. El saber de los superdotados, aquellos chavales que pasan tantas horas frente al teléfono, porque son los más inteligentes, los que mejores resultados académicos podrían sacar, los dueños del pensamiento único, o los esclavos del mismo.
Y la pregunta es, ¿los superdotados tienen tendencia a pasar horas frente al teléfono o es este pensamiento único el que alinea a los superdotados en paralelo para que realicen las mismas funciones?
Porque a fin de cuentas el pensamiento único es la traducción de lo que las fuerzas económicas vayan pidiendo. Y es que hoy día todo tiene un precio.
Así es como la economía se sitúa en la cúspide de la pirámide y es quien dirige todo lo que viene detrás. En el libro citan las siguientes palabras de Alain Minc: "El capitalismo no puede derrumbarse; es el estado natural de la sociedad. La democracia no es el estado natural de la sociedad. El mercado, sí". Devastador, ¿verdad?
Aquí es donde vuelvo a repetir: Todo tiene un precio, todo se compra, todo se vende. Y es algo que da miedo -a mí al menos-.
En cuanto a los conceptos clave que el libro dice que componen al pensamiento único son los siguientes: Mercado, competencia y competitividad, libre intercambio sin límites, mundialización, división internacional, moneda fuerte, privatización y liberalización.
Y es este conjunto de mandamientos con los que continuamente nos bombardean en los medios de comunicación. Porque esto, no lo olvidemos, es lo verdaderamente importante.
Por otro lado, está el control social y para ello se utiliza todo tipo de recursos para asegurarse que los miembros de una sociedad están conformes a las reglas. El mundo de la electrónica recoge todos aquellos comportamientos que se salen de la norma y castigan a las desviaciones. Pero, ¿siempre estaremos controlados socialmente? ¿Cómo podemos impedirlo?
La reina de esta persuasión es la televisión -aunque actualmente ya está dándole el relevo a Internet y las redes sociales-. Es en la televisión donde los niños encuentran un adoctrinamiento camuflado en entretenimiento. Sin embargo, la televisión es también una gran transmisora de violencia. Es sorprendente que los informativos sean uno de los recursos televisivos más violentos, sobre todo porque cuando lo vemos, sabemos que eso es real. No se trata de una película, es la vida real y esto es un hecho traumático para los niños desde pequeños. Este trauma y la ansiedad que genera, se va transformando a lo largo en una violencia psicológica que desemboca en dos cuestiones. Por un lado, crear a niños más agresivos, incapaces de controlar sus emociones y capaces de hacer mucho daño a los demás. Por otro lado, la insensibilización ante cualquier acto, porque eso forma parte de la vida real, y es completamente normal que esa violencia ocurra.
¿Estamos insensibilizados ante la violencia de tanto verla o es solo que ver la violencia en la tele hace que no nos parezca del todo real? ¿Somos conscientes de niños de la violencia que vemos en la televisión y nos trauma, o no entendemos verdaderamente lo que es?
Además, la televisión también sirve para indicarnos cuáles son los criterios morales y emocionales. Qué es lo bueno, qué es lo malo, qué es lo bello, qué es lo feo, qué es lo justo y qué no. Y en base a eso, se va a edificar su visión estética y moral del mundo. Así pues, todo lo que hacemos porque nos gusta, ¿es algo impuesto para distraernos o nos distrae pero verdaderamente nos gusta? ¿Cómo podemos distinguir? Y esta pregunta, verdaderamente es algo que me descoloca muchísimo.
Para llevar a cabo el control, por un lado se producen los sondeos, los cuales son un condicionamiento directo para llevarnos por el camino que ellos desean; por otro lado está la vigilancia, pues tienen el registro de todo lo que somos y lo que hacemos, para que así el control sea más seguro.
Y como dice el libro, cuando todas estas herramientas se vuelven ineficaces, lo mejor será hacer uso de tranquilizantes y ansiolíticos, que ellos sí que van a calmar a la fiera.
Por último, para cerrar el libro, destaco el tema del poder de los medios, pues aunque la prensa escrita ya no sea tan popular, la televisión e internet consiguen muy bien su cometido. Y la forma que tienen de dar la información es satisfacer a su público, pues no es necesario que entienda lo que ocurre, sino que simplemente lo vea, por el morbo de hacerlo. Y es así también, como hacen creer a la población que sabe, que se está informando, que les están proporcionando todo aquello que deberían saber, cuando la realidad es muy distinta y ver no es conocer.
Ahora bien, expresa que el poder político es tan solo el tercer poder, pues son el poder económico y mediático quienes se sitúan en la cima. Pero si el poder político está por debajo del poder mediático y el poder económico, ¿quién controla el mundo?


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