Waving Falling Leaf 2

sábado, 14 de enero de 2017

16 de Diciembre de 2016

Hoy no he podido asistir a clase debido a que tenia una formación obligatoria como mentora de la facultad. 
En relación a esto, voy a hablar un poco acerca de mis sentimientos al respecto, cosa que no suelo hacer muy a menudo. 
La formación de mentores se ha dividido en dos día, el primer día fue más emotivo, tuvimos que hablar acerca de nosotros mismos y lo que sentíamos. No puedo decir nada de lo que pasó porque hicimos un compromiso de confidencialidad. El segundo día, fue un poco más teórico y encaminado a aspectos más formales.
Hubo una ola generalizada de gente a la que le había gustado más el primer día y el segundo lo habían visto más tostón. En cambio a mí me pasó justamente lo contrario. 
El primer día me sentí tan incómoda, no sabía donde meterme, no pude disfrutarlo y eso ya me ha pasado en alguna clase de la carrera que pidiera de mi una implicación emocional. El segundo día estaba cómoda, justamente porque era más teórica y no me pedía que me implicase emocionalmente ni hablara tanto de cómo me sentía, lo cual siempre me supone tanto esfuerzo.
Pero mi pregunta es: ¿Por qué una escucha interior y profunda, conectándome con mi verdadero ser, me supone tanto esfuerzo? ¿De verdad me cuesta tanto o es solo la pereza de no querer dedicarme un minuto por miedo a escuchar lo que verdaderamente necesito?
Lo planteo, pero no quiero ni pensarlo.
Y así estamos, porque no soy la única. Nos educan en exceso en todo tipo de materias y se nos va exigiendo cada vez más metas, que a fin de cuentas, ni siquiera son nuestras, suelen ser los deseos no realizados de los demás los que quieren que ahora tú realices. ¿Pero qué hay de ti? ¿Dónde queda la educación emocional? 
A medida que ha ido pasando los años de carrera y ahora que estoy a punto de acabar, más que nunca, me siento mediocre, me siento estúpida, mal educada, emocionalmente hablando.
En el primer momento en el que llorar se convirtió en algo despreciable.
En el primer momento en el que decir lo que uno piensa se convirtió en algo inadecuado.
En el primer momento en el que realizar tareas que no corresponden a las de tu mismo sexo, por atribuirles cuestiones de género a las mismas.
En el primer momento en el que debo ser de una determinada forma para que el resto me acepte.
En el primer momento en el que no soy yo, sino el reflejo de lo que esperan de mi. 
Y ahora, ahora que por fin he despertado y he conseguido ver la mochila que llevo a mis espaldas, soy incapaz de desprenderme de esta carga, de prestarme más atención y recibir una educación emocional sin sentirme incómoda y con ganas de huir.  
¿Cuántas más personas habrá en mi misma situación? ¿Por qué nos educan de esta forma? ¿Qué beneficios se saca con ello? ¿Qué necesidad hay de modelar personas tan frustradas, inseguras y amargadas la mayoría parte del tiempo?
Estoy segura de que la base para poder tener una relación más verdadera con el medio, sería tener una conexión más auténtica con nosotros mismos. En el momento ese, en el que seamos capaces de pararnos a saber qué queremos, qué necesitamos, qué nos está pasando, tendremos las técnicas necesarias para hacerlo con los demás, con la comunidad o incluso con la propia naturaleza.
Se nos ha ido inculcando unos valores de individualismo y toxicidad, tenemos que hacer el esfuerzo de dejarlos ir, y adquirir unos nuevos, más sanos, más ecológicos, más acordes con lo que pueda ser un desarrollo humano pleno. 


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